8 de marzo de 2009

LAS FALLAS, A LA SUYA!

Ya estamos envueltos de llenos en el torbellino de la fiesta valenciana, que todo lo absorbe y lo tritura, pasando por encima de cualquier otra consideración o planteamiento, que no sean la exageración y el jolgorio alocado. Es lo que hay, dicen algunos, y toca aguantarse, porque nadie puede con las Fallas. La primera y más poderosa sensación es esa, un muro de goma nos devuelve con obscena constancia las peticiones de moderación, como si se tratara de un cabezazo contra una pared de ruido y prepotencia, de insensibilidad y de improvisación, de pisoteos y de gestión desastrosa. Un gasto exagerado de recursos naturales y de dinero (que si antes era un sinsentido, ahora cobra las proporciones de una suprema indecencia), potenciando y perpetuando ese binomio fiesta=despilfarro, que algunos se empeñan en que sea indisoluble e inamovible.

La Falla Nou Campanar (surgida casi de la nada...), ejemplifica mejor que ninguna los excesos y las manías de grandeza de la fiesta mayor del Cap i Casal. Durante los últimos años ha protagonizado un crescendo en el presupuesto destinado a la elaboración del monumento fallero, revolucionando los mismísimos criterios y las categorías de premios que existían hasta hace poco. De hecho se han escuchado críticas, a decir verdad sottovoce y en la intimidad, que apuntaban a la dificultad de otras Comisiones Falleras a poder competir en la Categoría Especial, por culpa de la evidente superioridad del presupuesto de esta Falla respecto a las otras. Que ha sido sostenida y arropada por la otrora pujante construcción inmobiliaria, encabezada por el ahora (semi)hundido constructor Juan Armiñana, cuyo imperio se ha hecho trizas y recoge las cenizas de la explosión y quema del monstruo que había contribuido a crear. Sin embargo, incluso en estas dificiles circunstancias, en el apogeo de una virulenta crisis económica, la Falla Nou Campanar ha seguido destinando una ingente suma al monumento, nada menos que 900.000€, que la noche de San Josep serán engullidos por las llamas y entre humos negros y pestilentes, se mutarán en un montículo de cenizas.

Otras comisiones, para seguir apostando a la ruleta de la insostenibilidad y dar la espalda a la sociedad, que intenta con mucho esfuerzo moderar su consumo, se apuntan a la carrera de la decoración luminosa. Sin escatimar recursos y derrochando energía a falta de imaginación... El millón largo de bombillas que decoran las 30 arcadas del artificioso túnel luminoso de la Falla Sueca-Literato Azorín (algunas, cuántas...?, nos aseguran que son de bajo consumo), es un puñetazo limpio en la cara del Ayuntamiento de Valencia, que jura y perjura que en nuestra ciudad no son pocos los esfuerzos de reducción del gasto energético y de las emisiones de CO2. Un exabrupto en forma de luz, cegadora...., que no sabemos si tomarnos a broma o ir corriendo a buscar el enchufe y arrancarlo de la toma, para que nuestros ojos nublados de rabia e indignación puedan finalmente descansar de tanta coentor recubierta de una patina, más bien postiza, de arte.

Hay otras formas de vivir la fiesta, con más imaginación y más gusto, con más respeto y menos rebombori vacuo, unas fallas diferentes que apuestan por la calidad frente a la grandiosidad, cuyos monumentos falleros sean distinguidos por su crítica social costumbrista e inteligente, más que por las formas voluptuosa y grandilocuentes de un elefante rosa o una sirena de vello rojizo, labios prominentes y grandes pechos...

1 comentario:

Vicente dijo...

Desgraciadamente es así. Todo lo controla Junta Central Fallera S.A. amparada por el consistorio de doña Rita forever. Por no hablar de cortes de calles tres semanas antes de la fiesta, fallas construidas con materiales altamente contaminantes, etc. Yo no conozco ninguna ciudad donde la exageración de una fiesta llegue a estos extremos. Pienso que todos comprenderiamos que los 4 días de fallas se corte alguna calle, se hagan verbenas, etc. Pero esto ha llegado a extremos abusivos.