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12 de noviembre de 2010

Farolas Isabelinas

En estos años donde el derroche y el exceso alcanzan cotas nunca vistas podemos ver lugares donde se colocaron farolas especiales que ocupan casi la totalidad de la acera. Por muy Gran Vía que sea no se pueden colocar farolas que impidan el paso de las personas y pongan en riesgo la integridad de las mismas al hacerlas caminar por el bordillo. (Fuente L'Informatiu y www.josepenalba.com)

El avizado ojo del fotográfo Penalba sigue dando en el clavo. Esta semana, las farolas de Valencia han sido motivo de noticias y han dado pie a un sinfin de comentarios. La pretendida campaña persecutoria a los ciclistas que aparquen en las farolas, ha levantdo una justificada polvareda: muchos sospechamos que tanto ensañamiento en la aplicación restrictiva de la nueva ordenanza de circulación, inmotivada por la falta de aparcabicis suficientes, responde a la obsesión del concejal de alumbrado señor Vicente Jurado.

El auto-nombrado señor de las farolas, en vez de lanzar esa coordinada campaña de persecución, auxiliado por el agresivo concejal de policía Miguel Domínguez, haría bien en tomar nota de las molestias que generan las más de 90.000 farolas instaladas en Valencia. Emiten luz en exceso, contaminando lumínicamente; nos cuestan un dineral -160 millones de euros han costado desde que gobierna el PP; un gasto insostenible en facturas eléctricas - casi 13 millones de euros al año - que ha generado una deuda de más de 20 millones con las compañías eléctricas.

Y encima sus grandes dimensiones perjudican el tránsito a los peatones...

8 de junio de 2010

Cambio climático, Valencia puede hacer más

Un acto público por todo lo alto, en un Palau de la Música tomado por incondicionales, cargos de confianza y variopinto personal (en nómina, por supuesto), movilizados para asistir a la presentación de un nuevo plan llamado "Estrategia Cambio Climático Valencia 2020". Al decir de la Alcaldesa Barberá y de su fantasmal fichaje estrella Ramón-Llin un ambicioso plan que permitirá a la ciudad "convertirse en un referente mundial de la sostenibilidad"... Según nuestras munícipes, este plan se está ya aplicando a razón de pactos como el Pacto Europeo de Alcaldes firmado en febrero del 2009, cuyo obejtivo es reducir las emisiones de CO2 en un 20% para el año 2020, reduciendo el gasto electríco en el mismo porcentaje. Unas declaraciones de dudosa veridicidad, ya que poco ha cambiado con respecto al año pasado, cuando el estudio Contaminación Lumínica en España, del departamento de Astrofísica y Ciencias de la Atmósfera de la Universidad Complutense de Madrid certificaba que Valencia es la capital europea de la contaminación lumínica. Más de 90.000 farolas decoran las calles de la ciudad (nunca mejor dicho...), inundandola con sus cegadores haces de luz que iluminanan con luz diurnan las noches de Valencia. Un despropósito que ha ido a peor, como explicaba en otro post, ya que ha empeorado gracias a los fondos del Plan E, utilizados en una cuantios cantidad para instalar más farolas, gastandose más de 4 millones de euros.

Pero hay más (o menos, según se mire...): la pareja (de cocineras solares?) Barberá/Ramón-Llin nos sirve un menú indigesto que pretenden hacernos engullir sí o sí, un potaje a base de torticero y engañoso autobombo ("15% de incremento de zonas verdes, 7% menos de consumo de agua, flota de autobuses 100% ecológica, más itinerarios clicistas para disminuir el tráfico, ahorro de la factura eléctrica"); lugares comunes a raudales (las cubiertas vegetales...); nulas propuestas en movilidad sostenible (seguimos con los mismos 480 autobuses desde hace 10 años, de los cuales poco más de 300 están las calles...); pobres campañas para desterrar la doble fila y las paradas en el carril bus; escasa peatonalización de zonas del centro de la ciudad; nula implementación de un sistema de movilidad intermodal, eso es que combinen de forma más eficiente los medios de transporte (un ejemplo sería el llamado bici-tren); bajísma incidencia de la recogida selectiva de residuos, que no supera el 10%, y nula de la recogida de la fracción orgánica (como ejemplo, los restos de poda de los parques y jardines que acaba directamente en el vertedero); zonas verdes escasas, de poco superior a 5mq por habitante y día, con pocas esperanzas de que cambie (veáse la recién remodelación de las calles de russafa...); auto sarcasmo involuntario ("He dejado de fumar desde hace un año, eso también sirve para reducir las emisiones", ha afirmado la Alcaldesa medio en broma, medios en serio...).

Unas situaciones que son conocidas por buena parte de los valencianos, que como es costumbre de la Alcaldesa Barberá se intentan ocultar con actos de postín donde se presentan estrategias de este tipo, que buscan dar la impresión de que se están haciendo cosas, que se tiene un compromiso, que a la postre choca con la tozudez de los números y con la realidad visible y palpable. La gestión ambiental real dista mucho de ser el idilio que se nos quiere vender: es necesario un compromiso valiente y una visión de futuro, que devuelva la ciudad a las personas, que ponga en marcha un proyecto de reformas inaplazable del sistema de transporte en el ámbito metropolitano (un área donde conviven cerca de 1,5 millones de habitantes), para reducir el sobredimensionado parque de vehículos a motor (cerca de 700 por cada mil habitantes); redistribuya los tránsitos en la red de transportes públicos, mediante un incremento notable de la flota; promueva de verdad un utilizo masivo de la bicicleta para desplazamientos cortos, un objetivo que se puede alcanzar en poco espacio de tiempo. Ese es el verdadero nudo gordiano de las políticas que trabajan en la reducción de las emisiones de CO2, una de nuestras proridades del gobierno de la ciudad en mayo del 2011.

17 de febrero de 2009

PACTO DE ALCALDES: MÁS AUTOBOMBO QUE COMPROMISO

La Alcaldesa de Valencia Rita Barberá se ha convertido en una especialista de la firma de protocolos y compromisos que luego caen en saco roto (como la firma de la carta de Aalborg de las Ciudades Sostenibles en el 1994, que no se ha cumplido en absoluto). Una especialidad que ha sabido perfeccionar hasta convertirla en un sublime (y efectivo) ejercicio del poder, una prolongación de las políticas de grandes eventos. El último ha sido un viaje a Bruselas con su escudera María Ángeles Ramón-Llin, Concejala de Cambio Climático (sí señor, tenemos esa concejalía...), para firmar el compromiso de reducir el gasto energético de la ciudad en un 20% para el año 2020. Pero hubo más...ya que ni corta ni perezosa, nuestra munícipe afirmó que Valencia sería más ambiciosa, porque reducirá la energía que consumimos "por encima de esa cantidad". Muy bien, así se hace...!

Sin embrago, resulta que la ciudad de Valencia, muy a nuestro pesar, se ha convertido en el paradigma del despilfarro energético y en la iluminación exagerada, en muchos casos del todo prescindible. Como puso de manifiesto el astrofísico David Galadí-Enríquez del Centro Astronómico Hispano Alemán, que depende del CSIC, que en el Congreso Nacional de Medio Ambiente del pasado diciembre (en el cual por cierto el Ayuntamiento de Valencia no participó con ninguna delegación, pese a ser uno de los Ayuntamientos que lo financiaron) puso de manifiesto que "en Valencia se usa el alumbrado con intensidades y finalidades no justificadas técnicamente; responde más a criterios de ornamentación y ostentación".

A tenor de esa situación, le pedimos a la Alcaldesa que una vez firmado ese compromiso, del cual nos alegramos y que apoyamos, pasa a los hechos presentando un plan integral de reducción del gasto energético del Ayuntamiento de Valencia.Es imprescindible la puesta en marcha de una Auditoría Energética de la Ciudad de Valencia, para conocer las necesidades energéticas de Valencia, los focos de consumo, las necesidades reales de iluminación, y que proponga soluciones de eficiencia y reducción de la energía que gasta la ciudad.

Hay muchos puntos negros, como el gasto en alumbrado público que es muy ineficiente y que se puede fácilmente reducir a la mitad (instalando por ejemplo farolas que proyectan la luz hacia abajo, y espaciando más la distancia entre una farola y la siguiente), la muy poca incidencia de la producción energética con fuentes renovables (el Palau de Congressos es un buen ejemplo, que pero corre el riesgo de ser anecdótico) en edificios públicos y piscina municipales, la elevada factura eléctrica (el doble que Barcelona, con la mitad de habitantes).

A Rita Barberá le pedimos que sorprenda a sus ciudadanos, que por una vez se lleven una alegría: cumpla el compromiso, recupere el tiempo perdido, en el plazo de un año realice esa Auditoría Energética y ponga en marcha la trasformación del alumbrado público, con farolas que tengan características de bajo consumo, que proyecten la luz hacia abajo y que sean más espaciadas entre sí. Un diseño inteligente del alumbrado público más acorde a esos compromisos adquiridos.

4 de diciembre de 2008

INSOSTENIBLES LUCES NAVIDEÑAS

Artículo publicado en el suplemento BIO de El Mundo.

Toda actividad humana que suponga un uso inadecuado de los recursos naturales y de la energía es insostenible. Las fiesta populares, entre ellas las navidades, no están exentas de esa circunstancia.
El debate que se genera todos los años sobre la inoportunidad de instalar la luces y los decorados lumínicos navideños, demuestra que la preocupación es real y que se tiene que tener en cuenta. La crisis económica ha puesto de manifiesto el derroche de energía, consiguiendo lo que desgraciadamente no había podido la crisis ecológica y el cambio climático (a pesar de la pionera, aunque vacante e inoperante..., Dirección General de Cambio Climático).

Es positivo que se haya retrasado la fecha y las horas de encendido de las luces en la ciudad de Valencia. En las otras ciudades del País Valencià no ha pasado lo mismo, ni reducción y ni ahorro; tampoco lo han hecho grandes centros comerciales, que han dado la espalda a la sostenibilidad y siguen gastando energía con demasiada alegría. Obviamente, los adornos lumínicos navideños, absorben tan solo una pequeña cantidad de la energía que gasta una ciudad. Sin embargo representan un pésimo ejemplo, del mal uso de la energía eléctrica, y de que se sigan asociando las fiestas y la celebraciones con el exceso de iluminación.

Que nadie nos malinterprete, no pretendemos que se vivan las fiestas en tono menor. Sí que reclamamos que se reflexione sobre la moderación del gasto energético. Pedimos que las pequeñas reducciones que se han puesto en marcha, tengan continuidad, se extiendan a las otras fiestas tradicionales (las fallas, la magdalena, les fogueres, etc...), donde el uso masivo e inadecuado, por derrochador, es exagerado e incluso ofensivo. A partir de ahí se reduzca la contaminación lumínica y el gasto energético del alumbrado público de las ciudades valencianas, que es el que más impacto tiene, en muchos caso más del doble del necesario.